El silencio y la brisa marina acarician a los turistas madrugadores que visitan la Cala al amanecer
El silencio y la brisa marina acarician a los turistas madrugadores que visitan la Cala al amanecer
Ver amanecer en La Cala durante este mes de mayo es uno de los grandes placeres que todo visitante debiera experimentar. La fresca brisa marina, los primeros rayos del sol del día y el silencio invitan a buscar los bellos rincones que hay en esta pequeña calita. Es un instante de paz que contrasta con el bullicio que pocas horas después tomará las calles. La quietud permite que la naturaleza se convierta en la protagonista. De repente, pasa a ocupar un primer plano y se puede apreciar en todo su esplendor.
Es el premio con el que la naturaleza sorprende al turista madrugador: La Cala más íntima, la más genuina, la que mejor sabe transmitir la sensación de armonía. Apenas nadie la está mirando aún. Aún todo es silencio. Y todo es azul, con fuertes destellos naranjas sobre las rocas, y residuos metálicos que dejan los vaivenes de las olas. La inmensidad del mar, vista desde cualquier ángulo, con la Isla de los Periodistas en el horizonte. Nada puede alterar este pequeño instante porque es efímero.
Pocas horas después de que los primeros rayos del sol se proyectaran en el mar, este rincón de Finestrat comienza a desperezarse. Los camareros de los bares y cafeterías empiezan a colocar las sillas y las mesas en las terrazas que hay mirando a la playa. Los primeros camiones de reparto empiezan hacer acto de presencia. Poco a poco, aparecen los primeros turistas, extendiendo sus toallas en la arena. Y según pasan los minutos, emerge La Cala que todos conservamos en nuestra retina: la bulliciosa y vibrante. La que siempre está en movimiento.

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