La arquitectura popular de Finestrat tuvo su máxima expresión en la época árabe, si bien se desconoce su origen
La arquitectura popular de Finestrat tuvo su máxima expresión en la época árabe, si bien se desconoce su origen
Fue en el Neolítico cuando se empezaron a hacer las primeras construcciones en el Puig Campana. Tan pronto como dejamos de ser cazadores-recolectores y nos convertimos en sedentarios se inició lo que más tarde se conocería como arquitectura popular, que se hacía con la técnica de la piedra seca. Sin duda, el abancalamiento fue su máxima expresión y es lo que más caracteriza a las tierras de cultivo de este municipio de la Marina Baixa y de la provincia de Alicante en general. El 28 de noviembre de 2018, la UNESCO declaró a esta técnica como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
No se sabe muy bien cuál fue el origen del abancalamiento, es decir crear balcones para convertir las pendientes en zonas agrícolas, pero sí se sabe que los árabes y, después de ellos, los primeros pobladores cristianos que habitaron estas tierras tras la Reconquista, impulsaron su creación. El crecimiento demográfico que hubo entre los siglos XVIII y XX coincidió con un periodo de expansión de estos balcones para cubrir las necesidades alimenticias de la población. Hoy se pueden ver, pero están en desuso.
La piedra se extraía del entorno, que se limpiaba para hacerlo apto para el cultivo. Para facilitar el acceso de unos bancales a otros se hacían rampas de tierra, con el fin de que pudieran pasar los animales de carga. El paso de las personas de una parcela a otra se podía hacer a través de unas escaleras construidas en el propio margen. Para ello, empleaban grandes piedras aplanadas y encajadas, que salían un palmo de la pared del margen.
La piedra era transportada por los propios agricultores con capazos, con animales de caballería e incluso con las manos si era necesario. Se rompían, retocaban y calzaban con una maza, es decir un martillo que tenía una cara plana y la otra con punta y un cincel. En muchas ocasiones, los cantos se recogían con las manos y no se retocaban, colocándose directamente en los márgenes. Las construcciones consistían en colocar piedra sobre piedra.
Habitualmente, eran los propios agricultores o pastores los encargados de hacer construcciones con piedra seca. Construían refugios para resguardarse de las inclemencias meteorológicas, como podía ser la lluvia, la nieve o el viento; muros de corrales para dar cobijo al ganado; caminos por donde poder circular; aljibes para almacenar agua y pozos para depositar la nieve y convertirla en hielo, entre otras.
El oficio de margener era vocacional y artesanal, de tradición familiar. Existía la figura del maestro margener que podía disponer de grupos de operarios, generalmente formados por dos o tres personas. En la actualidad hay pocos trabajadores que conozcan la técnica de la piedra seca.

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